OBISPOS DEL PACÍFICO SE PRONUNCIAN
ANTE LA VIOLENCIA SISTEMÁTICA EN EL CHOCÓ
Los Obispos de las diócesis y Jurisdicciones Eclesiásticas del Litoral Pacífico manifestamos ante la opinión pública nacional e internacional nuestra profunda preocupación por el recrudecimiento de la violencia sistemática que golpea a la región del San Juan y Baudó, Diócesis de Istmina-Tadó. Nos solidarizamos con las víctimas y sus familiares y nos unimos a las acciones emprendidas por la Iglesia misionera de esa localidad quien ha hecho conocer las continuas muertes, desapariciones, secuestros y desplazamientos forzados, que vienen sufriendo y padeciendo sus pobladores y que tiene horrorizada a la comunidad chocoana.
Durante años las familias han vivido en medio de la agudización del conflicto armado que se ha incrementado en esta región durante el segundo semestre del año 2007; la lucha abierta de grupos armados por el control territorial y los negocios alrededor de la explotación minera y los cultivos de uso ilícito, han provocado numerosos enfrentamientos armados en medio de la población civil poniéndola en alto riesgo y en otros casos causando su muerte, pese al aumento de la Fuerza Pública en la zona y al proceso de desmovilización que el año anterior pretendió regresar a la vida civil a numerosos combatientes ilegales.
Estas violaciones a los derechos humanos y al DIH han quedado en la impunidad, pues no hay acciones efectivas por parte de la Fuerza Pública y de los organismos de control del Estado e impera la ley del silencio por el miedo que generan la presión, amenazas y presencia constante de estos grupos armados en medio de la comunidad y de las autoridades. Es extraño que cuando aumenta el pie de fuerza estatal, se sucedan tantas muertes y desapariciones.
Como Iglesias del Pacífico hemos sido testigas de la forma como la violencia se ha ensañado contra la población civil, de la amenaza que se cierne sobre la vida de las comunidades que habitan ancestralmente estos territorios, porque estas tierras tan ricas y biodiversas están bajo la mirada extractiva del capital nacional e internacional, sin tener en cuenta sus proyectos de vida y en el afán de extraer los recursos e implementar megaproyectos, han arrasado con la vida de sus pobladores.
Como cristianos, comprometidos con un anuncio del Evangelio que es Vida en abundancia, no podemos pasar de largo ante el dolor y el sufrimiento de nuestros pueblos, no podemos mantenernos en silencio frente a lo que pasa, nos solidarizamos con las justas luchas de las comunidades indígenas, afrochocoanas y mestizas que han perdido a sus hijos en esta guerra cruel e insensata, en la búsqueda de una paz duradera y sostenible, basada en el esclarecimiento de la verdad, la aplicación de la justicia y la transformación de las causas del conflicto social y armado que pongan las bases para una reconstrucción social de estos pueblos y comunidades afectadas.
Creemos que los seres humanos tienen otras formas para resolver los conflictos diferente a la vía armada y a la violencia en todas sus formas, por ello exigimos a los actores armados que se retiren de los territorios de estas comunidades, para que ellas mismas puedan ejercer con autonomía sus propios planes de vida y el ejercicio de la autoridad tradicional. Que no combatan en medio de la población civil, que respeten la vida de las personas y no las sometan más al destierro, al señalamiento y a la muerte.
Al Estado, le exigimos investigar los casos de violaciones sistemáticas a los derechos humanos y de los pueblos, las infracciones al D.I.H., así como aplicar las sanciones necesarias a quienes han cometido estos crímenes y someter a procesos de investigación a los funcionarios del Estado que no hayan cumplido con sus funciones constitucionales convirtiéndose en cómplices por acción u omisión en estos mismos casos.
Creemos en un Estado Social de Derecho, legitimado en un orden social justo y digno para todos y todas, reafirmamos como Iglesias del Pacífico nuestro compromiso en la construcción de la paz y en los procesos de diálogo y concertación, con el fin de transformar las causas que generan la violencia en nuestro país para que podamos gozar de otro mundo posible donde “el amor y la verdad se dan cita, la justicia y la paz se besan” (Slm 84).
Que el espíritu de Jesús nos ilumine a todos en este compromiso por la Vida de todos y todas.
+ Fidel León Cadavid Marín, Obispo de Quibdó
+ Héctor Epalza Quintero, Obispo de Buenaventura
+ Gustavo Girón Higuita, Obispo de Tumaco
+ Hernán Alvarado Solano, Obispo de Guapi
+ Luis Adriano Piedrahita, Obispo de Apartadó
+ Alonso Llano Ruiz, Obispo de Istmina – Tadó
Noviembre 19 de 2007
|